martes, 12 de septiembre de 2017

Volver

Hoy encontré una pequeña cajita dorada donde en algún momento del huracán escondí mis restos sanos. Me encontré en pequeños pedazos de lo que fuí y una dulce melancolía me invadió en el pecho. Encontré mi piel sana y sin cicatrices, encontré mi sonrisa favorita y el pelo oscuro como la noche, encontré la mirada dulce que me invitó a andar el mundo, mis dulces palabras que solía ordenar de manera estratégica para armar un viaje desde mi casa.
Me encontré y me extrañé. Los pedazos no bastan para armarme, pero al menos pude colocarlos en el lugar indicado y sentir que era el momento de retomar un poco eso que hace algunos años, por algún dolor, decidí ocultar para resguardar de toda mi oscuridad.
Lo sano es volver, por los caminos que supimos andar.
Probablemente, hoy emprenda mi nuevo viaje.

jueves, 16 de marzo de 2017

Otoño al fin

Abrí la puerta y ahí estaba, de pie con una sonrisa gigante, un cuaderno lleno de dibujos en la mano, una mochila con botellas de cervezas y los bolsillos llenos de flores. Me saludó con un beso violento y mi nariz respiró su perfume y su olor a universo, su aspecto siempre desalineado con los ojos llenos de misterio y los labios con sabor a vida. Era otoño al fin y todo estaba dado para que sea una noche llena de filosofia y charlas eternas.
Nos tiramos en el sillón y pronto comenzó el relato de algo que habia visto desde la ventana del tren, yo le hable de una música que escuche en el subte y que me hizo llorar, y así nuestra ceremonia, nuestro ritual. Las luces intermitentes que colgaban de la pared le daban un aspecto raro, el humo había invadido el living, el tiempo ya no existía y la oscuridad nocturna era una bruma densa que se comía el resto de la ciudad que posaba en la ventana. 
Eramos dos extraños conocidos que viajábamos por diversos planos, otros mundos, otros seres. Algo había en toda esa magia, el no querer cerrar los ojos y no parar de sentir ese momento. Nuestras vidas era siempre así, encontrarnos después de nuestras rutinas acartonadas y llenarnos de ideas, de historias, de relatos sobre lo que tal vez a los ojos de otros solo era la vulgaridad de la vida ajena pero, siempre encontrábamos lo maravilloso del mundo.
Y así, terminábamos acorrucados, recibiendo el sol y durmiendo entre las ruinas del día anterior. Perdiendo sus manos en mi mar de rulos y clavando mis rodillas en la palida carne de su cuerpo desnudo. 
La felicidad y la vida, pasando una vez más en escondite de los mortales. 

sábado, 11 de marzo de 2017

Relatos desde la mudez

No puedo arreglar las ideas, no encuentro palabras que logren tender un puente entre esta isla desierta en la que habito y ese paraíso al que siempre íbamos a jugar. El papel en blanco termina siendo un campo minado de palabras que se pierden en el desorden de mis sentimientos y oraciones tachadas, mutadas en sombras de tintas negras furiosas.
Ya no puedo ingresar en el espacio de mis mundos, no logro volar por los cielos que antes me liberaban, me llenaban de colores y sentido. Estoy atada de pies y manos en un mundo blanco y negro. Estoy asfixiándome y no puedo gritar.

martes, 22 de noviembre de 2016

Feminismo: una lucha histórica que se impulsa desde las calles. #NiUnaMenos

Nos matan cada día. Nos asesinan y esconden nuestros cuerpos, nos violan, nos torturan, nos tocan sin permiso, nos culpan, justifican cada herida. Los diarios dicen que nos matan por amor que fue un "crimen pasional" ¿Eso es amor? ¿Qué te peguen es amor? ¿Qué te violen es amor? ¿Qué te maten es amor? Nos violan, y nos culpan porque "vos lo provocaste con esa pollerita" "siempre andas con ese escote" "iba caminando sola por la calle. ¿Qué hacia sola por ahí?” “¿Por qué hablaba con desconocidos?”. Nos gritan "piropos”, invaden nuestro espacio personal, nos acosan por el simple hecho de ir solas por una vereda, subir a un subte, viajar paradas en un micro o estar en un bar tomando un trago. Somos "putas" porque gozamos y exploramos nuestro cuerpo, somos las culpables de que Adán haya probado el fruto prohibido, somos los seres inferiores que deben obedecer a su amo, ser buenas amas de casa, ser madres, perpetuar la especie. Todo esto es lo que el machismo dice de nosotras, es así como nos definen, pero si eso es lo que quieren que sea yo, mujer, pues yo no lo acepto, no quiero ser rehén de mi propia condición. “… La inferioridad de la mujer proviene de que desde un comienzo se limito a repetir la vida, en tanto que el hombre inventaba razones para vivir” , Simone de Beauvoir reflexiona en su libro sobre que es la vida para las mujeres, sino un perpetuo detenimiento en un lugar asignado con anticipación. Como bien señala Simone, el mundo femenino se ha estructurado sobre los márgenes del masculino, moldeado sobre un conjunto de reglas, prohibiciones y principios de normalidad, qué generó en las mujeres un universo simbólico, materializado en la condición femenina. ¿Qué es el machismo? Es, según ciertos movimientos feministas, el conjunto de actitudes y prácticas aprendidas, sexistas llevadas a cabo en pro del mantenimiento de órdenes sociales en que las mujeres somos sometidas o discriminadas". Se considera al machismo como causante principal de comportamientos heterosexistas u homofóbicos. Esta conducta recubre distintos niveles de la sociedad desde la infancia de los sujetos hasta la adultez con la creación de grupos donde se crean concordancia y se ejerce presión sobre los sujetos. Una herramienta de represión del machismo es la violencia de género, para mantener el control sobre las mujeres. Esta es considerada como una forma de violencia ejercida sobre la mujer, que no necesariamente es física, sino también psicológica, siendo esta discriminación, ya que se ven subestimadas las capacidades de las mujeres fundamentando una mayor debilidad. La violencia tanto física como psicológica contra las mujeres es una reacción ante nuestras actitudes liberadoras, esta violencia que ejerce el machismo busca continuar manteniendo la dominación masculina (cada vez más fragmentada y en crisis en nuestra sociedad). El machismo no siempre es explicito, la cotidianeidad se ve colmada de micromachismos que se reproducen de manera naturalizada sin tener conciencia absoluta de que estas actitudes arraigadas en nuestra cultura representan y perpetuán la opresión cultural sobre nosotras. Entonces, ¿Qué es el feminismo? El feminismo no es el odio al varón, es erróneo pensar al feminismo como el odio a los varones, no es lo opuesto al machismo. El feminismo, o mejor dicho, LOS feminismos (plurales), son un conjunto múltiple de movimientos políticos, sociales, culturales y económicos que tiene como objetivo la reivindicación de los derechos femeninos, cuestionar la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres, y la asignación de roles sociales según el género. O en palabras de la antropóloga mexicana Marta Lamas, “el feminismo es la lucha para que la diferencia sexual no se convierta en desigualdad social” . Cada día, en cada minuto, se nos quita nuestra libertad, cada treinta horas morimos en manos del machismo, cada treinta horas una de nosotras es asesinada. Morimos en abortos clandestinos y ya muertas nos culpan por "asesinar" a un "hijo" que no deseamos; nos matan y nos esconden, porque aceptar que una mujer tiene que decidir cuándo y cómo ser madres, los avergüenza. Pero por mucho que renieguen, es un hecho, ¡abortamos! Según los datos de las mujeres feministas de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, quienes asumen un compromiso con la integralidad de los derechos humanos, y defienden el derecho al aborto como una causa justa para recuperar la dignidad de las mujeres y con ellas, la de todos los seres humanos; afirman que en Argentina, entre 400 mil y 600 mil mujeres recurren cada año al aborto clandestino, desacatando la ley y a la Iglesia Católica, principal fuerza de soporte de la no legalización del aborto en nuestro país. Solo en Argentina cada año mueren, aproximadamente, 100 mujeres por abortos clandestinos e inseguros, siendo el aborto la principal causa de muerte de mujeres gestantes. Es por esto que exigimos una ley integral, donde se nos brinde educación sexual para decidir, anticonceptivos gratuitos para no abortar, y aborto legal para no morir. Pero esta situación de que a las mujeres se nos nieguen los derechos no es una problemática actual, pues, por ejemplo, en otra coyuntura histórica se ponía en duda la posibilidad de que una mujer eligiera políticamente, por ejemplo. La psicoanalista marxista, Marie Langer plantea, que en la sociedad occidental y patriarcal, durante muchos siglos la mujer estaba completamente supeditada al hombre, fue la Revolución Francesa, con su lema de igualdad, la que puso en juicio esa “natural” subordinación, al macho, de la mujer. Los lemas de esta revolución se vieron potenciados por la Revolución Industrial, la mujer, por necesidad se integra al mundo laboral de las fábricas, pero no abandona el rol casero que hasta recaía sobre ella, su trabajo obrero debía articularse con su rol maternante, su obligación era cumplir con una doble labor: mujer obrera y madre. En las mujeres de clase media y alta, sin embargo, este proceso no se dio junto a las mujeres obreras, sino que hasta la primer Guerra Mundial, las mujeres de esos estratos sociales no salieron de sus casas a ocupar espacios en la sociedad. Al terminar la guerra, los hombres regresaron a ocupar sus lugares que por su deber cívico habían abandonado, pero se encontraron con mujeres independientes económicamente, conscientes de sus valores y con libertad sexual, demostrando que la mujer podía competir con el hombre. La mujer de postguerra actuaba en rebeldía contra su madre, su padre y su compañero. Los hechos del pasado nos dan pie para plantearnos una pregunta fundamental: ¿cuándo será hora de que las mujeres ejerzamos plenamente nuestros derechos individuales? No veo muy lejano ese futuro. Pues, la semana pasada hicimos historia, paramos en nuestros trabajos, en nuestras actividades diarias. Durante los primeros 19 días de octubre del corriente, sufrimos 20 femicidios Por primera vez en la historia, paralizamos nuestras labores, nos vestimos de luto y marchamos miles por las calles, replicadas en diversas ciudades y países, exigiendo que nos dejen de matar. Este hecho es único, sin precedentes en nuestro país, jamás en la historia las mujeres habíamos, sin apoyo de sectores ni difusión masiva, parado, tomado las calles de esta manera. Nuestras movilizaciones son cada vez más masivas, nuestro paso hacia nuestros derechos es cada vez más firme. A modo de reacción, por cada movimiento nuestro en las calles, el machismo sale a matarnos para querer imponerse ante un terreno que está cada vez más resquebrajado y que ya estamos ganando. Por cada muerta una reacción, y una reacción antes esa acción. A pesar de los avances en cuanto al reconocimiento de los derechos de las mujeres, el machismo y el patriarcado quedan expuestos ante el rechazo de nuestras iniciativas de lucha. Se oponen a vernos organizadas y en las calles, pero no debemos ceder, porque es en la organización y en la lucha donde conquistaremos nuestros derechos, es el único medio para lograr la sociedad en que todos seamos sujetos de igualdad de derechos. Ni devota, ni sumisa. Mujeres en las calles, en las escuelas, en nuestros trabajos, en la facultad, en las plazas, en todos y cada unos de los espacios que habitamos, seamos libres, rompamos con los estereotipos del patriarcado, seamos mujeres organizadas y en lucha. Seamos lo que queremos ser pero no seamos nada. #NiUnaMenos

domingo, 2 de octubre de 2016

El ejercicio de tomar carrera y saltar al vacío. Si eso no es la vida, decime vos, que es?

Va de nuevo

Nada te arrasa cuando ya no tenés corazón. Lloro, pero no lloro por el que se va, sino porque vos nunca volviste. Lo intenté, puse lo mejor de mí, no me reserve nada de lo que en mi otra vida hubiera escondido. Te juro que lo intenté de la mejor forma que pude, pero no me salió. Y no hay nada peor que esperar lo que nunca va a pasar.
 

jueves, 7 de julio de 2016

Otoño
Invierno
Silencio

viernes, 29 de abril de 2016

Silencios

Caricias perfumadas de manteca y limón, manos suaves como las masitas de la hora del té. Labios de chocolate y besos con sabor a vino. Hogar tibio, los libros en la mesita de luz y estufas encendidas. El gato enrollado en el sillón donde da el sol. El estallido de una puerta que se cierra por el viento lo despierta, se estira y camina por sobre las cartas viejas que se cayeron de la biblioteca. Las plantas del balcón están desnudas ya de flores, posan sumisas para el imponente monstruo de edificios. 
El otoño se apropió de la ciudad cuadrada, el viento frío baila con bufandas y gorros, los enamorados caminan abrazados por las veredas desiertas, y desde el calor de un ventanal son espiados por los solitarios que nos resguardamos en piyamas y poesías. 
La melancolía amarilla, la desnudes de lo que antes era un verano fatal, ahora es una cama de dos, con tazas de café y dos cucharaditas de azúcar.  

miércoles, 13 de abril de 2016

En la estación

Una foto se cayó del libro de poemas que alguna vez supe llevar en mi cartera durante algún aotoño de hace un par de años atrás. Era una foto de algún lugar en el mundo en el que, en aquel momento de mi vida, me había enamorado. Era una vieja estación de trenes de algún pequeño pueblo del norte del país, atestada de dorados y marrones, con un cielo celeste y un horizonte limpio.
Habia guardado esa foto porque me gustaba volver ahí entre poema y poema, porque sabia que era la forma de tener cerca todo lo que esa tarde amé, no era solo una imagen de una estación, era una imagen de un día en mi vida, todos los sentimientos, una imagen de las manos frías, de aquel sol de otoño, una imagen cargada de perfume y viento, de mensajes entre lineas que ya no se pueden leer, era la esperanza de que cada vez que yo pudiera ir, encontrar a mi alma allí sentada.
La foto cayó lentamente a mis pies, la levante con un poco de sorpresa y la ansiedad aceleró a mi corazón. Cerré los ojos e intenté volver a ese lugar, intenté caminar hacia el cartel con el nombre de la estación, pero me resultó imposible, ya no era capaz de volver a aquel lugar de la misma manera (y estimo que jamás podré volver).
Tal vez sea porque aquella tarde era soleada y acá no deja de llover desde hace meses, o que sin los mensajes cifrados para mi receptor ausente no logre encontrar el recuerdo y caminar por la estación sea esperar un tren que no va a volver a pasar.